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16. oct 2019

Cuarta Revolución Industrial: lo que significa, cómo responder

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Estamos al borde de una revolución tecnológica que va a alterar fundamentalmente nuestra forma de vivir, trabajar y relacionarnos unos con otros.
En su escala, alcance y complejidad, la transformación será diferente a cualquier cosa que la humanidad haya experimentado antes. Todavía no sabemos cómo se desarrollará, pero una cosa está clara: la respuesta debe ser integrada e integral, involucrando a todas las partes interesadas del sistema político mundial, desde los sectores público y privado hasta el mundo académico y la sociedad civil.

La Primera Revolución Industrial utilizó la energía de agua y vapor para mecanizar la producción. La segunda usó energía eléctrica para crear producción masiva. El tercero utilizó la electrónica y la tecnología de la información para automatizar la producción. Ahora, una cuarta revolución industrial se está construyendo sobre la tercera, la revolución digital que se ha venido produciendo desde mediados del siglo pasado. Se caracteriza por una fusión de tecnologías que difumina las líneas divisorias entre las esferas física, digital y biológica.

Hay tres razones por las que las transformaciones actuales representan no sólo una prolongación de la Tercera Revolución Industrial, sino más bien la llegada de una cuarta y distinta: la velocidad, el alcance y el impacto de los sistemas. La velocidad de los avances actuales no tiene precedentes históricos. En comparación con las revoluciones industriales anteriores, el Cuarto está evolucionando a un ritmo exponencial más que lineal. Además, está afectando a casi todas las industrias de todos los países. Y la amplitud y profundidad de estos cambios anuncian la transformación de sistemas enteros de producción, gestión y gobernanza.
Las posibilidades de miles de millones de personas conectadas por dispositivos móviles, con una potencia de procesamiento, capacidad de almacenamiento y acceso al conocimiento sin precedentes, son ilimitadas. Y estas posibilidades se verán multiplicadas por los avances tecnológicos emergentes en campos como la inteligencia artificial, la robótica, el Internet de las Cosas, los vehículos autónomos, la impresión 3D, la nanotecnología, la biotecnología, la ciencia de los materiales, el almacenamiento de energía y la computación cuántica.
La inteligencia artificial ya nos rodea, desde coches autopropulsados y zánganos hasta asistentes virtuales y software que traducen o invierten. En los últimos años se ha logrado un progreso impresionante en AI, impulsado por el aumento exponencial de la potencia computacional y por la disponibilidad de enormes cantidades de datos, desde software utilizado para descubrir nuevas drogas hasta algoritmos utilizados para predecir nuestros intereses culturales. Mientras tanto, las tecnologías de fabricación digital interactúan diariamente con el mundo biológico. Ingenieros, diseñadores y arquitectos están combinando diseño computacional, fabricación de aditivos, ingeniería de materiales y biología sintética para crear una simbiosis entre los microorganismos, nuestros cuerpos, los productos que consumimos e incluso los edificios que habitamos.

Retos y oportunidades

Al igual que las revoluciones anteriores, la Cuarta Revolución Industrial tiene el potencial de elevar los niveles de ingresos mundiales y mejorar la calidad de vida de las poblaciones de todo el mundo. Hasta la fecha, los que más han ganado han sido los consumidores que han podido permitirse el acceso al mundo digital; la tecnología ha hecho posible nuevos productos y servicios que aumentan la eficiencia y el placer de nuestra vida personal. Ordenar un taxi, reservar un vuelo, comprar un producto, hacer un pago, escuchar música, ver una película o jugar un juego -cualquier de estos se puede hacer a distancia.

En el futuro, la innovación tecnológica también conducirá a un milagro de la oferta, con ganancias a largo plazo en eficiencia y productividad. Los costos de transporte y comunicaciones disminuirán, la logística y las cadenas de suministro mundiales serán más eficaces y el costo del comercio disminuirá, todo lo cual abrirá nuevos mercados e impulsará el crecimiento económico.

Al mismo tiempo, como han señalado los economistas Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, la revolución podría generar una mayor desigualdad, particularmente en su potencial de perturbar los mercados laborales. Como la automatización sustituye al trabajo en toda la economía, el desplazamiento neto de los trabajadores por máquinas podría exacerbar la brecha entre los retornos al capital y los retornos al trabajo. Por otra parte, también es posible que el desplazamiento de los trabajadores por la tecnología dé lugar, en conjunto, a un aumento neto de empleos seguros y gratificantes.

No podemos prever en este momento qué escenario es probable que surja, y la historia sugiere que el resultado probablemente sea una combinación de ambos. Sin embargo, estoy convencido de una cosa: que en el futuro, el talento, más que el capital, será el factor crítico de la producción. Esto dará lugar a un mercado de trabajo cada vez más segregado en segmentos de "baja cualificación/baja remuneración" y "alta cualificación/alta remuneración", lo que a su vez provocará un aumento de las tensiones sociales.

Además de ser una preocupación económica clave, la desigualdad representa la mayor preocupación social asociada a la Cuarta Revolución Industrial. Los mayores beneficiarios de la innovación tienden a ser los proveedores de capital intelectual y físico -los innovadores, accionistas e inversores-, lo que explica la creciente brecha de riqueza entre los que dependen del capital y el trabajo. La tecnología es, por lo tanto, una de las principales razones por las que los ingresos se han estancado, o incluso disminuido, para la mayoría de la población de los países de ingresos altos: la demanda de trabajadores altamente cualificados ha aumentado, mientras que la demanda de trabajadores con menos educación y cualificaciones ha disminuido. El resultado es un mercado laboral con una fuerte demanda en los extremos superior e inferior, pero con un hueco en el medio.

Esto ayuda a explicar por qué tantos trabajadores están desilusionados y temerosos de que sus propios ingresos reales y los de sus hijos continúen estancados. También ayuda a explicar por qué las clases medias de todo el mundo experimentan cada vez más un sentimiento generalizado de insatisfacción e injusticia. Una economía que sólo ofrece un acceso limitado a la clase media es una receta para el malestar democrático y el abandono.

El descontento también puede verse alimentado por la penetración de las tecnologías digitales y la dinámica del intercambio de información que caracterizan los medios sociales. Más del 30 por ciento de la población mundial utiliza ahora plataformas de medios sociales para conectarse, aprender y compartir información. En un mundo ideal, estas interacciones proporcionarían una oportunidad para el entendimiento y la cohesión intercultural. Sin embargo, también pueden crear y propagar expectativas poco realistas en cuanto a lo que constituye el éxito para un individuo o un grupo, así como ofrecer oportunidades para que ideas e ideologías extremas se difundan.

El impacto en las empresas

Un tema subyacente en mis conversaciones con los CEOs globales y altos ejecutivos de negocios es que la aceleración de la innovación y la velocidad de la interrupción son difíciles de comprender o anticipar y que estos impulsores constituyen una fuente de sorpresa constante, incluso para los mejores conectados y mejor informados. De hecho, en todas las industrias hay pruebas claras de que las tecnologías que sustentan la Cuarta Revolución Industrial están teniendo un gran impacto en las empresas.

Por el lado de la oferta, muchas industrias están viendo la introducción de nuevas tecnologías que crean formas completamente nuevas de satisfacer las necesidades existentes y perturban significativamente las cadenas de valor de la industria existente. La interrupción también se debe a competidores ágiles e innovadores que, gracias al acceso a plataformas digitales globales de investigación, desarrollo, marketing, ventas y distribución, pueden desbancar a los operadores tradicionales más rápidamente que nunca mejorando la calidad, velocidad o precio a los que se entrega el valor.

También se están produciendo cambios importantes en el lado de la demanda, a medida que la creciente transparencia, el compromiso de los consumidores y los nuevos patrones de comportamiento de los consumidores (incrementándose cada vez más en el acceso a las redes móviles y a los datos) obligan a las empresas a adaptar la forma en que diseñan, comercializan y entregan productos y servicios.

Una tendencia clave es el desarrollo de plataformas tecnológicas que combinan la demanda y la oferta para perturbar las estructuras industriales existentes, como las que vemos en la economía "compartida" o "a la demanda". Estas plataformas tecnológicas, que son fáciles de utilizar por el smartphone, reúnen a personas, activos y datos, creando así formas completamente nuevas de consumir bienes y servicios en el proceso. Además, reducen las barreras para que las empresas y los individuos creen riqueza, alterando el entorno personal y profesional de los trabajadores. Estos nuevos negocios de plataforma se están multiplicando rápidamente en muchos nuevos servicios, desde lavandería hasta compras, desde quehaceres domésticos hasta estacionamiento, desde masajes hasta viajes.

En general, hay cuatro efectos principales que la Cuarta Revolución Industrial tiene en las expectativas de los clientes, en la mejora del producto, en la innovación colaborativa y en las formas de organización. Ya sean consumidores o empresas, los clientes se encuentran cada vez más en el epicentro de la economía, que se trata de mejorar la forma en que se atiende a los clientes. Además, los productos y servicios físicos pueden mejorarse ahora con capacidades digitales que aumentan su valor. Las nuevas tecnologías hacen que los activos sean más duraderos y resistentes, mientras que los datos y los análisis están transformando la forma en que se mantienen. Un mundo de experiencias de clientes, servicios basados en datos y rendimiento de activos a través del análisis, por su parte, requiere nuevas formas de colaboración, sobre todo dada la velocidad con la que se están produciendo la innovación y las interrupciones. Y el surgimiento de plataformas globales y otros nuevos modelos de negocio, finalmente, significa que el talento, la cultura y las formas organizativas tendrán que ser reconsideradas.

El impacto en el gobierno

A medida que los mundos físico, digital y biológico continúen convergiendo, las nuevas tecnologías y plataformas permitirán cada vez más a los ciudadanos comprometerse con los gobiernos, expresar sus opiniones, coordinar sus esfuerzos e incluso eludir la supervisión de las autoridades públicas. Al mismo tiempo, los gobiernos adquirirán nuevos poderes tecnológicos para aumentar su control sobre las poblaciones, basándose en sistemas de vigilancia generalizados y la capacidad de controlar la infraestructura digital. Sin embargo, en general, los gobiernos se verán cada vez más presionados a cambiar su enfoque actual del compromiso público y la formulación de políticas, ya que su papel central en la conducción de las políticas disminuye debido a las nuevas fuentes de competencia y a la redistribución y descentralización del poder que las nuevas tecnologías hacen posible.

En última instancia, la capacidad de adaptación de los sistemas gubernamentales y las autoridades públicas determinará su supervivencia. Si son capaces de aceptar un mundo de cambios perturbadores, sometiendo sus estructuras a los niveles de transparencia y eficiencia que les permitan mantener su ventaja competitiva, perdurarán. Si no pueden evolucionar, se enfrentarán a problemas cada vez mayores.

Esto será especialmente cierto en el ámbito de la regulación. Los sistemas actuales de política pública y de toma de decisiones evolucionaron paralelamente a la Segunda Revolución Industrial, cuando los responsables de la toma de decisiones tuvieron tiempo para estudiar un tema específico y desarrollar la respuesta necesaria o el marco reglamentario apropiado. Todo el proceso fue diseñado para ser lineal y mecanicista, siguiendo un estricto enfoque "top down".

Pero tal enfoque ya no es factible. Dado el rápido ritmo de cambio y los amplios impactos de la Cuarta Revolución Industrial, los legisladores y reguladores se enfrentan a desafíos sin precedentes y, en su mayor parte, están demostrando que son incapaces de afrontarlos.

¿Cómo, pues, pueden preservar el interés de los consumidores y del público en general, al tiempo que siguen apoyando la innovación y el desarrollo tecnológico? Al adoptar una gobernanza "ágil", del mismo modo que el sector privado ha adoptado cada vez más respuestas ágiles al desarrollo de software y a las operaciones comerciales en general. Esto significa que los reguladores deben adaptarse continuamente a un entorno nuevo y cambiante, reinventándose a sí mismos para poder comprender realmente lo que están regulando. Para ello, los gobiernos y los organismos reguladores deberán colaborar estrechamente con las empresas y la sociedad civil.

La Cuarta Revolución Industrial también tendrá un profundo impacto en la naturaleza de la seguridad nacional e internacional, afectando tanto la probabilidad como la naturaleza del conflicto. La historia de la guerra y la seguridad internacional es la historia de la innovación tecnológica, y hoy en día no es una excepción. Los conflictos modernos que involucran a los estados son cada vez más "híbridos" en su naturaleza, combinando técnicas tradicionales de campo de batalla con elementos previamente asociados con actores no estatales. La distinción entre guerra y paz, combatiente y no combatiente, e incluso violencia y no violencia (piensa en la ciberguerra) se está volviendo incómodamente borrosa.

A medida que este proceso se lleva a cabo y las nuevas tecnologías como las armas autónomas o biológicas se vuelven más fáciles de usar, los individuos y pequeños grupos se unirán cada vez más a los estados para ser capaces de causar daño masivo. Esta nueva vulnerabilidad provocará nuevos temores. Pero al mismo tiempo, los avances tecnológicos crearán el potencial para reducir la escala o el impacto de la violencia, por ejemplo, mediante el desarrollo de nuevos modos de protección o una mayor precisión en la selección de objetivos.

El impacto en las personas

La Cuarta Revolución Industrial, por fin, cambiará no sólo lo que hacemos, sino también quiénes somos. Afectará a nuestra identidad y a todos los temas asociados a ella: nuestro sentido de privacidad, nuestras nociones de propiedad, nuestros patrones de consumo, el tiempo que dedicamos al trabajo y al ocio, y la forma en que desarrollamos nuestras carreras, cultivamos nuestras habilidades, conocimos a las personas y cultivamos nuestras relaciones. Ya está cambiando nuestra salud y conduciendo a un yo "cuantificado", y antes de lo que pensamos puede llevar a un aumento humano. La lista es interminable porque está limitada sólo por nuestra imaginación.

Soy un gran entusiasta y pionero de la tecnología, pero a veces me pregunto si la integración inexorable de la tecnología en nuestras vidas podría disminuir algunas de nuestras capacidades humanas por excelencia, como la compasión y la cooperación. Nuestra relación con nuestros smartphones es un ejemplo de ello. La conexión constante puede privarnos de uno de los activos más importantes de la vida: el tiempo para detenernos, reflexionar y entablar una conversación significativa.

Uno de los mayores retos individuales que plantean las nuevas tecnologías de la información es la privacidad. Instintivamente entendemos por qué es tan esencial, sin embargo, el rastreo y el intercambio de información sobre nosotros es una parte crucial de la nueva conectividad. Los debates sobre cuestiones fundamentales, como el impacto en nuestras vidas internas de la pérdida de control sobre nuestros datos, sólo se intensificarán en los próximos años. De manera similar, las revoluciones que están ocurriendo en la biotecnología y en la inteligencia artificial, que están redefiniendo lo que significa ser humano al retrasar los umbrales actuales de vida, salud, cognición y capacidades, nos obligarán a redefinir nuestras fronteras morales y éticas.

Forjando el futuro

Ni la tecnología ni la interrupción que viene con ella es una fuerza exógena sobre la cual los humanos no tienen control. Todos somos responsables de guiar su evolución, en las decisiones que tomamos a diario como ciudadanos, consumidores e inversores. Por lo tanto, debemos aprovechar la oportunidad y el poder que tenemos para dar forma a la Cuarta Revolución Industrial y dirigirla hacia un futuro que refleje nuestros objetivos y valores comunes.

Sin embargo, para ello, debemos desarrollar una visión amplia y globalmente compartida de cómo la tecnología está afectando nuestras vidas y reformulando nuestros entornos económicos, sociales, culturales y humanos. Nunca ha habido un tiempo de mayor promesa, o de mayor peligro potencial. Sin embargo, los responsables de la toma de decisiones de hoy en día, con demasiada frecuencia están atrapados en el pensamiento tradicional y lineal, o demasiado absorbidos por las múltiples crisis que exigen su atención, como para pensar estratégicamente sobre las fuerzas de la perturbación y la innovación que conforman nuestro futuro.

Al final, todo se reduce a personas y valores. Necesitamos dar forma a un futuro que funcione para todos nosotros poniendo a las personas en primer lugar y dándoles poder. En su forma más pesimista y deshumanizada, la Cuarta Revolución Industrial puede tener el potencial de "robotizar" a la humanidad y privarnos así de nuestro corazón y nuestra alma. Pero como complemento a las mejores partes de la naturaleza humana -creatividad, empatía, mayordomía- también puede elevar a la humanidad a una nueva conciencia colectiva y moral basada en un sentido compartido del destino. Nos corresponde a todos asegurarnos de que prevalezca lo último.
 
 
 

 

Klaus Schwab is Founder and Executive Chairman of the World Economic Forum