mié
16. oct 2019

La nueva geopolítica del comercio en Asia. El TPP aun vive

Blog
Tipo de letra

La cumbre de líderes de APEC, que tuvo lugar la semana pasada en Danang, Vietnam, cristalizó la nueva geopolítica del comercio en Asia.

Los líderes de las tres economías más grandes del mundo (Estados Unidos, China y Japón) redefinieron cada uno de ellos los papeles que su nación desempeñará en el sostenimiento, torpedeo o ajuste del orden comercial de la posguerra. Poco se puede asegurar sobre cómo se desarrollarán el libre comercio y los compromisos multilaterales a medida que los tres gigantes se reposicionen en su apuesta de liderazgo. La única certeza que tenemos por delante es que será un viaje movido.

"América Primero"

El comercio ocupó un lugar destacado en todas las paradas del Presidente Trump durante su primera visita oficial a Asia. Pero la articulación de su política comercial "América Primero" fue pronunciada en su discurso para la cumbre de directores ejecutivos de APEC (Asia-Pacific Economic Cooperation). En un foro cuya misión es promover vínculos económicos más estrechos entre las 21 economías miembros, el presidente Trump confirmó que bajo su supervisión, Estados Unidos no va a firmar ningún acuerdo comercial regional o multipartidista porque, argumentó, estos acuerdos atan indebidamente las manos de Estados Unidos. El presidente criticó rotundamente a la Organización Mundial del Comercio, afirmando que trata injustamente a Estados Unidos, y advirtió que ya no se tolerará más la trampa desenfrenada de otros (reflejada en los déficits comerciales de Estados Unidos). Seguramente las mandíbulas se cayeron cuando Trump no echó la culpa a los tramposos (que, después de todo, el presidente señaló que sólo estaban cuidando de sus ciudadanos para que aprovecharan la ventaja de Estados Unidos en el comercio) sino a todos los gobiernos anteriores de Estados Unidos.

En la parte más evocadora de su discurso, el presidente habló de un sueño indopacífico construido sobre una serie de acuerdos comerciales bilaterales que Estados Unidos está dispuesto a negociar con naciones dispuestas a aceptar un comercio justo y recíproco. En general, éste es un sueño de uno: ninguna nación indo-pacífica (con la posible exención de Filipinas) ha aceptado la súplica de negociar bilateralmente. Dos poderosos elementos disuasorios poderosos para los países que se adhieren a la propuesta de Trump están en juego aquí: 1) los países ven a través de la proposición errónea que los déficits comerciales impulsados por las fuerzas macroeconómicas pueden ser eliminados rápidamente con las negociaciones comerciales, y 2) la comprensión generalizada de que los acuerdos multilaterales prometen mayores ganancias económicas al turbocomprimir las cadenas de suministro globales.

El presidente Xi se movió una vez más para ocupar, retóricamente, el espacio que los Estados Unidos desocuparon como paladín del multilateralismo y el libre comercio. Dirigiéndose a la misma audiencia justo después del Presidente Trump, dio un mensaje completamente diferente. Defendió el valor del comercio internacional como una propuesta en la que todos salen ganando y como una herramienta para el desarrollo, y describió la globalización como una fuerza imparable pero moldeable que podría ser más inclusiva y equilibrada. Sin duda, la influencia económica y política de China se ha expandido significativamente con el lanzamiento exitoso del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) y la Iniciativa de "la ruta de seda". A través de estas iniciativas, China está reciclando los excedentes de capital para financiar infraestructura en el desarrollo de Asia con mejoras a la conectividad regional. Pero el liderazgo en el libre comercio puede ser la última frontera de China, porque depende de la oferta de una mercancía escasa en la visión de Xi para China: la liberalización. El XIX Congreso del Partido no puso a China en el camino de convertirse en un comerciante libre. Por el contrario, confirmó que el ímpetu para una reforma interna significativa ha disminuido y el papel del Estado en la economía es la estrella del norte.

TPP, ¿volvió de entre los muertos?

El gran drama en la reunión de APEC no fue la cortesía de batir en duelo a las tarjetas de puntaje estadounidenses y chinas sobre la globalización, sino los altibajos en los esfuerzos liderados por Japón para resucitar el pacto comercial de la Trans-Pacific Partnership (TPP). Las tensiones eran altas cuando el Primer Ministro Trudeau de Canadá no asistió a la cumbre del TPP 11, donde los líderes ya se habían reunido para dar su sello de aprobación a un amplio acuerdo. Se produjo un frenesí de negociaciones de última hora, y finalmente fue posible llegar a un acuerdo sobre los elementos centrales de un TPP comprensivo y progresivo recién bautizado (también conocido como TPP 2.0).

Al hacerlo, las 11 naciones restantes lograron una hazaña notable: mantuvieron intactos los compromisos de acceso a los mercados con la liberalización arancelaria para proceder según lo previsto originalmente, y limitaron las disciplinas que debían suspenderse (hasta que Estados Unidos regresara y si lo hiciera) a una lista de 20. La idea central de estas suspensiones es restringir el funcionamiento de la solución de controversias inversionista-estado (extrayendo acuerdos de inversión y autorizaciones de inversión) y congelar las normas de propiedad intelectual que los Estados Unidos habían propugnado (sobre la protección de datos biológicos, la ampliación del derecho de autor y el alcance de la patentabilidad, por ejemplo). No se usó ningún mazo para desechar capítulos enteros; por el contrario, los resultados revelan un enfoque quirúrgico para mantener el acuerdo en su totalidad y mantener el nivel de ambición.

El TPP 2.0 está lejos de ser un acuerdo cerrado. La declaración ministerial enumeró cuatro cuestiones pendientes: una reserva cultural para Canadá, el calendario de Malasia en relación con las empresas estatales, una medida de no conformidad del carbón para Brunei y un artículo sobre sanciones comerciales para Vietnam. Ninguno de ellos parece ser un obstáculo insuperable, pero, aunque no se enumeran en la declaración ministerial, el Canadá ha insistido en renegociar las normas de origen de los automóviles. De esta manera, Canadá ha surgido como el comodín en la recta final de este acuerdo comercial.

 

Mireya Solís
Co-Director del Center for East Asia Policy Studies Senior Fellow - Foreign Policy.